Domingo, 30 de mayo de 2010

 Agradecimientos:
  XD Bueno quiero partir agradeciendoles a todos por leer el fruto de mi ocio. Como podrán ver, tengo mucho tiempo libre para escribir jeje. Quiero agraderle a mamá, por todo lo que me da. A Caro, Gaby, Belén, Pauly, Cami y Marión; por apoyarme siempre y a todos los que estas líneas los representen.

 Novela:

  Si, debo admitirlo, lo amo. Cuantas veces soñé con decirle eso, me encantaba, me volvía loca; pero no tenía las agallas suficientes como para hacerselo saber. No podía contarselo, él jamás se fijaría en mí. Cada vez que lo veía sentía cosquillas en todo el cuerpo. Él era, digo, es perfecto; o quizás no tanto, pues tiene un pequeño defecto. Es alto, atractivo, guapo, gracioso, simpático, paciente, alegre y tiene un atractivo erudito que enloquece a muchas mujeres (como yo); se preguntaran entonces cual es el problema, pues ese defecto es que es.... mi profesor.
  Desde el inicio del año sentí que algo bueno me sucedería; al verlo me dí cuenta que él era aquel presentimiento, o eso creí.
  No me da miedo admitirlo, me encanta mi profesor y cada vez que lo veo me derrito; lastima que él no sabe ni que existo.
                                                                    * * *
  Nunca fuí una chica muy coqueta, tal vez por eso nunca me miró; no acostubraba a usar faldas cortas, ni mi rostro maquillar, quizás por eso nunca me habló. Lo único que yo tenía claro era que haría cualquier cosa por ese hombre.
  Ignacio, mi mejor amigo, era quien debía soportar todas mis cursilerias hacia el profe. Solo ahora me doy cuenta de que nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes.
  Mi colegio era uno de los liceos más importantes de señoritas del país y mi profesor era muy conocido en el sector; irónicamente, por una vuelta loca del destino, un día llegué al lugar donde él vivía, no era muy lejos de mi hogar. Pero ahora que lo pienso hubiese sido mejor jamás encontrarlo.
  Debo estar confundiendolos más, aveces ni yo me entiendo; tal vez debería utilizar un Racconto e iniciar desde donde comienza mi historia con él...

  Creo que deberíamos partir por el primer día de escuela, cuando lo vi por primera vez. La verdad no esperaba encontrar nada interesante, era solo el colegio; pero en un segundo mi mirada se desvió y lo divisé a lo lejos, casi iluminado por un haz de luz como las pateticas películas románticas, lo único que pensé fue: "¿Quién es ese Tipo tan Lindo?". Se que es estúpido que diga esto, parezco una niña de 11 años que se enamora por primera vez; se que una joven de 16 años debería ser menos cursi, pero no puedo, él me produce ese efecto.
  Aún me siento una estúpida, me siento mal conmigo misma por seguir prendada a él. Si me dejan darles un consejo sería: "No se enamoren nunca de sus Profesores" pueden enseñarles todo, excepto a amar; por lo menos eso es lo que me pasó a mí.
  Si lo se, esto comienza a enredarse, les dije que jamás me miró y ahora les doy a entender que si lo hiso; tal vez con el transcurso del relato se les aclaren todas sus dudas, dudas que hasta a mí me surgen hoy. Suelo pensar que para él todo esto fue un juego, un cruel juego matemático.
  Él me miraba aquel día desde el escenario, bueno eso creía yo, aún no se si es cierto o no.
  Al parecer mi cara de babosa fue tan grande que una de mis amigas rió y dijo algunas palabras que sigo recordando: "Creo que ya encontraste a tu príncipe azul". Ojalá hubiese sido así, pero no. Nosotras nos entregamos en cuerpo y alma; ellos solo en cuerpo. Eso del príncipe azul jamás ha sido cierto, es solo un cuento.
  Se me hiso tan corto aquel día, ya que El Tiempo es Relativo; cuando tocó el timbre de salida no lo podía creer. En casa no podía dejar de pensar en él, Mi Querido Profesor.
                                             
2° Día
¬¬¨ Maldita alarma. Pensé. Eran las 06:50 am y aquella molesta música me había despertado de un gran sueño; no soñaba desde que me dí cuenta que mi "ex" era solo un adicto al sexo que quería robar mi "honra", por eso me molesté más con mi reloj.
  Después de casi romper mi alarma recordé algo, una idea loca cruzó mi mente; colegio. Nunca tuve tantas ganas de ir a aquella prisión, como hoy; aunque la razón de mi repentino entusiasmo era ver al nuevo profesor y no estudiar las cosas que me intentaban enseñar.
  Perfecta. Jamás me preocupó mi imágen, pero debía verme más bella que nunca para que él me viera.

  8:52 am. Allí estaba el sujeto, pero por una injusticia que el destino cometió o tal vez una forma de protegerme que Dios tenía, él no sería mi profesor; gracias a mi mala suerte la Señorita Buzz Light Year sería mi maestra, pero soy muy terca y en ese momento solo pensaba en hayar la manera en que él me enseñase algo más que su materia.
                                           1 Semana Después
-Aló, Ignacio, ¿Quiéres venir hoy a mi casa?
-Claro, debo enseñarte a tocar guitarra.
-¬¬¨ ¿Cuándo vas a entender que no tengo talento para eso?
-Tienes talento para todo, eres perfecta.
-*.* ¡Gracias! Por eso te quiero, amigo; eres una ternura.
  Si, así siempre era Ignacio conmigo, un tierno; pero nunca supe lo que tenía hasta que lo perdí. No soy prescisamente una chica fatalista, pero debo admitir que cometí un gran yerro.
  Aquel día Ignacio vino a verme. Nunca entendí de donde sacaba tanta paciencia para enseñarme algo, siempre me sorprendió eso de él.
-Nacho, ¿Te puedo contar algo?.- Le dije, apartando la guitarra.
-Claro, dime.
-Ok, pero no te enojes, porque ya estoy grande para saber lo que me conviene y...
-¡Al Grano!
-Ok, a la espinilla. Lo que sucede es que... estoy enamorada, otra vez.
-¿Otra vez? ¡Tan pronto! ¡Rompiste con Max hace poco!
-Rompí con Max hace un año y dos meses. Creo que es tiempo suficiente para recomponer una herida.
-¿Ya lo olvidaste?
-Un patán que se va con una chica hueca y de piernas perfectas se olvida en tres horas.
-¿Y quién es el nuevo tipo?
-¡Mi profesor!
-¡¿Qué?! ¡Estás completamente loca! Un profesor jamás mirará a su alumna, perdería su empleo; y si lo hace es solo porque quiere tener sexo con ella.
  En eso Ignacio tenía razón, debí hacerle caso. Él se fue con la excusa de que debía estudiar; yo le creí. Ingenua, que no me dí cuenta de lo que perdí.

  Aquella noche volví a pensar varias cosas que creí haber enterrado en el olvido. Maximiliano. La verdad era perfecto, un chico culto, inteligente, tierno, romántico, sencible y un poco misterioso; solo estaba su pequeño problemilla, me fue infiel. Bueno tal vez infiel no es la palabra indicada, lo nuestro era solo una simple relación a larga distancia; pero cuando me enteré del suceso creí que lo único que había hecho era jugar conmigo y la otra. Cuando logró explicarme, después de un año y varios meses, era demasiado tarde, yo ya había errado. Pronto entenderán la razón...
  A la mañana siguiente no me sentía bien del todo. Como no pude dormir, pensando tantas tonterías, unas horrendas ojeras me atacaron, llegaban hasta el suelo.
-Creo que la niña del espejo tiene sueño.- Me dije, sin darme cuenta de lo que hacía.
  Me vestí, como siempre, con la diferencia de que mi falda estaba al revés. Me lavé los dientes, como todos los días, cambiando el hecho de que el chaleco manché con pasta de dientes. Mi aspecto era deplorable. Así me fui al colegio.
  Una mala llamada fue lo que empeoró mi día, o tal vez lo mejoró; solo contesté, sin prestar atención al número.
-Hola, hablas con una funambula. ¿Con quién hablo?
-¿No reconoces ya mi voz? Mi última llamada fue solo hace un par de meses.
-¿Max? Ah, si recuerdo tu última llamada; te colgué después de 5 segundos. Dame tres razones por las que ahora no debería hacer lo mismo.
-1.- Porque escucharme nos servirá a ambos. 2.- Porque te debo una disculpa. 3.- Porque no he dejado de pensar en tí, incluso anoche te recordé más de lo normal.
-Porfavor deja la cursileria barata. Puedes estar tranquilo, yo ya te perdoné, hace un año; pero ya nada volverá a ser igual.
-Pero aunque sea escuchame; es la única vez, desde hace más de un año, en que hablamos sin pelear. Dejame explicarte lo que sucedió.
-No hace falta; los chismes se esparcen rápido por el mundo. Se que yo arruinaba tu reputación y que a nadie le gustaba que estubieras con una pobre diabla, como yo.
-Pero...
-En serio, no hace falta explicar nada; el pasado es pasado.- Colgué.
  Tenía razón, el pasado es pasado, pero debí escucharlo; porque el pasado influye en el presente y el futuro. Pero maduré después de caer y ya era tarde para levantarme con él.

-¿Peleas con tu novio?- Dijo una voz masculina desde atrás.
-No tengo novio, estoy completamente soltera.- Respondí, al ver de quien se trataba el emisor.
-Es bueno saberlo. No sufras por amor.
  Aquellas palabras jamás podré olvidar; fueron las primeras que me dijo Mi Querido Profesor. "Es bueno saberlo", un claro coqueteo; y "No sufras por Amor", un gran consejo que me dió y que tal vez me hiso sufrir menos a la hora de perderlo, si es que alguna vez lo tuve.
  Aquel día no pude dejar de pensar en que el profesor me había hablado. Se que soy una babosa, pero pensar en estar con un hombre mayor era una verdadera aventura.
  Solo algo arruinó mi felicidad, además de la falda al revés, el chaleco manchado y las ojeras de dos metros de largo; matemáticas. Si, matemáticas: números, sumas, pi, funciones, algebra, deltas, alfas, etc; todo eso se podía resumir facilmente en: "Buzz Light Year Sumando 1+1= Yo Durmiendo". Otra mala nota para mi colección; por más que intentará no podía comprender el lenguaje numérico, ese era el único ramo que bajaba mi promedio completo.
  Aún recuerdo la conversación que tuve con la profesora, que de cierta forma me arruinó la vida:
"-Otra mala nota, señorita; tal vez si dejara de ver moscas en la pared podría comprender algebra.
-¬¬¨ No son moscas en la pared, son en la ventana; y por más que lo intente no le comprendo nada a usted"
  Creo que no debí decir eso, pero me costaba aveces controlar mi bocota; esa fue una de las muchas razones por las que creo que perdí a Ignacio, para siempre. La profesora, al parecer, se enfadó por mi pequeña frase; pero era cierto, jamás pude entenderle nada. Después de contestarle eso ella me dió algunas opciones para subir mi promedio; en ese momento creí que el destino comenzaba a ayudarme, pero ahora me doy cuenta que lo que quería era enseñarme una lección a palos.
-Ok, si no me entiendes te daré tres alternativas para que elijas lo que quieres hacer con tu futuro. 1.- Sacar un 3,8 final en mi área; que bajará tu lindo promedio de 6,5. 2.- Pagarle a un tutor o 3.- Quedarte al taller de matemáticas que realizará el profesor Alejandro fuera del horario de clases.
-¿El profe lindo de matemáticas? Digo, el profe que hace lindas matemáticas.
-¬¬¨ No, el profe lindo que cuenta moscas en la ventana.
-Aps, tenemos muchas cosas en común entonces. Creo que me llevaré bien con él. Podremos hablar sobre las mejores técnicas de contar mosquitas, sus colores, tamaños y formas.
  ¡Que suerte! Pensé. Estudiaría y comprendería matemáticas; mientras lo veía a él. ¿Había algo mejor?
  El resto del día se me fue en pensamientos sobre él y yo. No pude concentrarme en nada, solo pensaba en que estaría cerca del profesor; el único problema era el horario, viernes de 14:30 a 16:30, la misma hora en que Ignacio me enseñaba guitarra. Creo que ese fue otro error que cometí, elegir al maestro antes que a mi mejor amigo; pero aún no me daba cuenta que yo le gustaba, ni menos de que él a mí también. Pero bueno, soy humana y me equivoqué.
                                                       Jueves, 17:40 hrs.
  Los días se me hicieron eternos, las horas pasaban muy lento. Por fin llegaba a casa, después de un larguísimo día en el colegio. Esperaba con muchas ansias que ya fuese viernes.

  Abrí la puerta de mi hogar, para poder descansar; al hacerlo me encontré con una linda sorpresa.
-¿Flores?- Dije atónita, revisando una pequeña carta que estaba entre ellas.
 "Cada rosa que hoy miras rogó por no serte entregada; es que no soportaban la envidía que les provocarías al ver tu sonrisa tan linda". *.* Era algo bastante cursi y demasiado trillado, pero era muy lindo y tierno. ¿Quién podía haberlo escrito? Solo pensé en el profesor y en Max; pero ninguno de ellos fue. Me perdí algo realmente bueno por un simple capricho...
                                                     Viernes, 9:00 hrs. 
  ¡Viernes, por fin viernes! Esta vez no me daría el lujo de ir sucia y fea, estaría con mi nuevo tutor; desperté muy temprano para arreglarme y verlo después de clases. Todo saldría bien esta vez.
  Las horas se me hicieron sumamente cortas, tal vez fue producto de mis nervios o que las clases del día eran bastante entretenidas; no lo se, pero ya eran las 14:25 hrs.
-Chao, cuidate, Barbie.
-Suerte con matemáticas, amiga.
-XD Espero que me vaya bien... ¡Aaah que nervios!
-¿Ya no tendrás más clases de guitarra con Nacho?
-¡Rayos! ¡Olvidé a Ignacio! 
-Todo iba bien, exceptuando el pequeño detalle de que olvidé avisarle a mi mejor amigo de que ya no podríamos reunirnos a la misma hora de siempre. Lo llamé, con la intención de explicarle las razones que yo tenía, él lo tomó bastante bien y me dijo que nos juntaríamos más tarde, que lo más importante era que me fuera bien en la escuela; siempre fue así de comprensivo, era uno de las pocas personas capaces de entenderme y que tenía la paciencia suficiente para hacerlo. 

 14:30 hrs. Corrí al salón donde se realizaría el taller. Vacío. No había nadie más que el profesor.
-¿Aquí es el reforzamiento de matemáticas?
-Si, creo que serás mi única alumna; a nadie más le interesa perder un viernes con los números.
-Emm... bueno tal vez así es mejor, comprenderé más.
-Si, es mejor que estemos solos... Por cierto, rico perfume
  Sabía que el perfume que Barbie me había dado le iba a gustar, Clyo Sexy era una gran elección.
  Estaba completamente sola con mi querido profesor, no había nada mejor para mí que estar con él.
-Bueno, ¿Con qué empezaremos hoy, profe?
-¿Te parece que empecemos conociendonos?
-Aps si, lo siento; creo que esa es la mejor opción.
-Bueno, hagamos algo, yo te hago una pregunta y luego tú me haces otra. ¿Te parece?
-Ok. Empiece.
-
¿Por qué te metiste en este taller? Una joven, atractiva, debe tener mejores planes para un día viernes que estar estudiando.
-La verdad debería estar con Ignacio; pero es más importante salvar mi promedio de matemáticas. Ahora me toca ¿Por qué eligió esta carrera?
-Aps supongo que la vocación me llamó, me gusta enseñar y adoro los números, me encantan las ciencias exactas.
-Odio la exactitud.
-XD Bien, me toca preguntar. ¿Quién es Ignacio? ¿Tu novio?
-Solo puede hacerme una pregunta. Ignacio es mi mejor amigo y tutor de guitarra. ¿Tiene usted algún hobbie, que no sea sumar números extraños?
-No solo me dedico a las matemáticas, me gusta el deporte y las fiestas.
-No creo que esa sea una buena mezcla.
-Es como lo exacto y lo inexacto. Nadie sabe si está bien o está mal, o si se puede crear una mezcla perfecta equilibrando ambos.
  Es como lo exacto y lo Inexacto. Solo se logra una mezcla perfecta, sin que se destruyan ambos, si se logran equilibrar. Esa frase nos identificaba muy bien, era como si él ya hubiese planeado todo o hubiese visto un futuro entre los dos. Yo era el deporte, que lo hacía rejuvenecer y sentir una gran vitalidad; y él era las fiestas, el alcohol, el veneno que te hace sentir mayor, pero que te va destruyendo sin que te des cuenta.
  Hablamos por muchos minutos, de la vida, del dinero, de la vocación, del amor, de la pasión; el tiempo se nos fue volando. Con él aprendí muchas cosas, excepto matemáticas ¿Qué importa? Jamás utilizaré el número pi y la raíz cuadrada de dos para ir a comprar pan...
                                                       Sábado, 16:20 hrs.
  Ignacio vino a buscarme, como todos los sábados, para ir a comer algo e ir a la parroquia; me invitó un helado. Hablamos mucho, como siempre, él es un tipo culto que tiene muchos temas de conversación; entre todas las palabras, que el viento se llevaba, salió el tema del profesor, no pude aguantar hablar las mismas cursilerias baratas de siempre sobre él.
-Ignacio, me encanta; y creo, me atrevo a decir, que yo también a él...
-¡Estás completamente loca! No le gustas a ese viejo decrepito, si te mira es solo porque quiere tener sexo contigo y luego botarte.
-No es viejo, tiene solo 25 años.
-¿Te escuchas? Estás baboseando por un hombre 9 años mayor que tú, ¿Por qué no buscas a alguien de tu edad?
-Porque son todos unos inmaduros.
-Gracias. Yo creo que la única inmadura que hay aquí eres tú. Cuando ese tipo haga contigo lo que te dije, no vengas llorando a mí; porque yo ya te lo advertí.
  Yo ya te lo advertí. Si, me lo había dicho, varias veces; yo no hice caso, porque soy una completa estúpida. No podía volver a buscarlo, él ya me lo había advertido; yo había errado. Esas fueron las últimas palabras que escuché de Ignacio. No vengas llorando a mí, yo ya te lo advertí.
  No fuí a la parroquía, no me sentía en las condiciones psicologicas como para ir; volví a mi casa, quería llorar. Nunca me gustó demostrar mis sentimientos, tampoco me gustaba sentir; así evitaba sufrir. Cada vez que sentía algo que no deseaba, escribía; escribía para desprenderme de todo sentimiento, para huír de mis miedos y remordimientos. No me gustaba sentir.
                                                         Lunes, Otra Vez.
  Otra vez lunes, otra vez el maldito ciclo rutinario de la semana. Odiaba la rutina, odiaba la monotonía de todos los días lunes, odiaba volver siempre a lo mismo. En la escuela ví los mismos rostros de siempre; los árboles, las sillas, los pilares, en sus mismos lugares, nada cambiaba, nada nunca cambia.
-Hola, queridisima alumna.
-¡Profe! Hola, ¿Cómo está?
-Muy bien, gracias; pero creo que tú no lo estás.
-¿Cómo lo sabe?
-Tus ojos lo dicen todo.
-Emm... pelié con un amigo.
-Que lastima. ¿Crees que valía la pena por lo que pelearon?
  No, la verdad no valía la pena, pero en ese momento creí que si; me dieron unas ganas enormes de gritarle: "¡Usted fue la razón, porque me encanta!" pero no lo hice, por suerte.
                                                   Octubre, Viernes 14:30
  El tiempo comenzó a correr, rapídamente, yo me seguía viendo con mi querido profesor; estudiando matemáticas y contando mosquitas en la ventana. Ignacio ya no estaba conmigo, me hacía mucha falta; necesitaba a alguien con quien conversar, a alguien que me ayudara a levantar después de la gran caída que tuve en mi vida.
-¿Estás lista?
-Si, profe.
-¿Cuántas veces te he dicho que me digas solo Alejandro?
-Emm... 28 veces, pero me cuesta tutearlo.
-Ese es mi nombre; solo dime así, hermosa.
-Ok, Alejandro.
  Habían transcurridos varios meses, los cuales no describiré; la importancia es casi nula, por eso los saltaré. Lo único que deben saber es que yo y él nos mandabamos muy seguido indirectas sobre un romance a escondidas, como cobardes amandonos, pero aún nada entre nosotros sucedía; claro que varios chismes al respecto se esparcieron por el colegio, estabamos en la mira de alumnas, profesores y administradores. Pasaron varios meses en los que me enseñó matemáticas, hoy me enseñaría de la vida...
  En el salón, poco a poco comenzamos a acercarnos; con el temor y la presión que nos infundía la presencia de otras personas en el colegio, eso era lo más excitante. El teléfono sonó, interrumpiendonos justo cuando estabamos a punto de besarnos; yo contesté, torpemente.
-Dame un segundo, Alejandro.- Le dije, mientras apretaba el botón de mi celular- Hola, usted habla con la miss chilena en Argentina, elegida por brasileros. ¿Con quién hablo yo?
-Soy Max, te extraño.
-Max, estoy ocupada.
-Se que me equivoqué, perdoname; te amo.
-Es tarde para que te des cuenta.
-Dame una oportunidad, porfavor. Estaré pronto en Chile, quiero verte.
-Se que muchas de mis compatriotas estarían felices de que fueses su novio; puedes verlas a ellas, pero a mí no, estoy ocupada. Debo colgarte, estudio. Adiós.
  Aquella llamada fue la que me hiso llevar a cabo el acto que segundos antes se me había pasado por la cabeza. Me había dispuesto a aguantar, no estaba bien; pero escuchar la voz de aquel hipócrita me dió el valor para realizarlo. Grave error, nunca debí hacerlo. Volví a acaercarme al profesor, él me tomó por la cintura y me atrajo a su cuerpo; comenzamos a besarnos. Era exitante pensar que en cualquier momento nos podían descubrir; sentía ese dulce temor.
-¿Qué pasa si nos ven?- Le dije entre besos apasionados. Él me tomó entre sus brazos y me subió a la mesa, mientras se quitaba la chaqueta y abría mis piernas.
-Me despedirán y ningún colegio me contratará, por pedofilo XD. No pienses en esos pequeños detalles; quiero hacerte mía, amor.
  Amor. Definitivamente eso no era amor; fuí solo una aventura para él. Sexo reponedor con una virgen 9 años menor. No me dí cuenta antes, pese a que me lo advirtieron varias veces. Grave error.
-Alejandro, no me lo perdonaría; mejor vamos a otra parte.
-¿A dónde?
-No lo se, tú eres el adulto XD.
  Un adulto poco responsable y una adolescente necia; eso si que es una pésima pareja. Él tenía la responsabilidad de protegerme, de controlar la situación y no cometer incesto; yo solo era una chica inmadura con altos niveles de oxitocina, que no pensó bien lo que hacía. Salimos del colegio (justo a tiempo, porque la inspectora se acercaba al salón), él me llevó a su departamento; para llegar debimos tomar el metro y una micro, en ambos todos nos miraban con reproche.
-Deben pensar que soy un viejo verde jaja.
-O quizás que soy una putita XD.
-Si es así, solo vendete para mí.
-Emm... solo si tomas viagra jaja.
  Todos nos miraban, asqueados, por nuestras palabras; ocultando con esos rostros sus secretos más oscuros, sus golpes a los seres más débiles, sus asesinatos psicológicos, sus robos sentimentales y sus idas ocultas a burdeles dejando a sus mujeres en la cocina. Si, para todos ellos era peor ver a una adolescente besando a un tipo de 25 años.
-Llegamos- Me dijo, abrazandome. Entramos jugando, besandonos.
  Él me lanzó a la cama, con esa rudeza que me encantaba y me excitaba. Comenzamos a desvestirnos, dejamos las matemáticas de lado para pasar a la sexología. Comenzamos a hacer el amor en su habitación, perdón debo correegir, tuvimos sexo no amor; los sentimientos para él quedaban afuera y para mí... la verdad ¿A quién le importa donde quedaron los míos?.
  Su olor a macho me excitaba, me encantaba, me tenía completamente loca. Lanzó su camisa y sus pantalones lejos; comenzó a quitarme la blusa, suavemente (sabía que era mi primera vez y todo lo hacía con un toque de delicadeza). Nos besabamos apasionadamente, mientras con su mano subía mi falda y me acariciaba por debajo de ella. Si tan solo en la escuela supieran de esto; las monjas estarían asqueadas hipocritamente y las chicas huecas nos señalarían como dos cerdos pervertidos.
 Perdí mi virginidad con el profesor de matemáticas, alguien quien en verdad no me amaba; y que yo tampoco, solo me provocaba curiosidad y una atracción fatal. Entre orgasmos y jadeos dije algo que no debí decir, pero nunca pude controlar mi boca; le dije: "Max". A él no le molestó, solo le importaba descargar su semen en algún sitio; yo en aquel momento solo pensé, ingenuamente, que no había oído o que tal vez no le importaba porque me quería. Después de terminado el proceso descansamos, conversamos, nos conocimos sin mentiras, sin máscaras; me dediqué a obsevar su cuarto un momento, mientras él se levantaba vanagloriandose, sobre la mesita de luz había una fotografía...
-¿Quién es ella? ¿Tu sobrinita?- Le sonreí, viendo la foto enmarcada.
-Mi hija.- Contestó, estirandose un poco.
-¡¿Tienes una hija?!- No pude evitar exaltarme un poco, yo creo que cualquiera de los que leen esto habría reaccionado igual.
-Si, tiene 7 años.
-¿Estás casado?- Le pregunté, sorprendida más que enfadada.
-No, estoy 100% soltero.
-... No sientes nada por mí, ¿cierto?- Le dije, un tanto descepcionada.
-¿Por qué lo preguntas ahora?- Preguntó intrigado.
-Porque me acabo de dar cuenta recien de que soy una torpe perra. No es necesario que respondas, ya tus ojos te delatan... Mejor me voy.- Le respondí, mientras me vestía y mis ojos se cristalizaban por la rabia que sentía en aquel momento, pero no hacia él sino hacia mí.
-¡Espera!
-Tranquilo, no le diré a nadie sobre lo que sucedió. Podrás seguir siendo profesor.
-¿De verdad? ¿Por qué no hablarás?
-Por tu hija. Solo te pido que me prometas algo... no le vuelvas a hacer esto a nadie más.
  Esa fue la última promesa que nos hicimos y que nos sigue uniendo, el único lazo que tenemos en común; lo último que nos dijimos.
  Volví a casa, era lo único que podía hacer; debía ocultar, disfrazar, esconder aquel suceso. Todo iba mal, pero no me podía quejar; yo tenía la culpa. Para empeorar más mi tarde tuve que verlo a él, en la puerta de mi casa se encontraba mi pesadilla; que aveces se volvía, como en este caso, un verdadero sueño. Solo pude abrazarlo y llorar, él me sacó de aquel lugar.
-¿Qué sucedió? Tranquila, aquí estoy yo.
-¡Me equivoqué, Max! ¡Me equivoqué!
-Tranquila, todos erramos. No creo que haya sido algo tan grave.
-¿Cómo calificarías perder mi virginidad con mi profesor de matemáticas?
-¡¿Qué?! Emm... bueno si, creo que fue un grave error. Vamos a comer algo para que te despejes un momento ¿Te parece?
-¿Por qué haces esto? Yo no te perdoné lo que hiciste; y ahora tú vienes desde otro país, en mi peor momento, me mando la mayor embarrada de mi vida ¿y me invitas a comer? Realmente no te entiendo.
-Es porque te amo y tal vez tú también, pero eres muy orgullosa y yo un loco.
  Tenía razón, soy muy orgullosa, por eso no lo perdoné antes y por eso me equivoqué tan gravemente. Jamás comprendí a Max, era raro, diferente, estaba completamente loco; quizás por eso me amaba y creo que yo también a él. El Amor es una gran locura, una ironía que une almas de una manera extraña, una alegoría de personajes raros, una dulce locura que envenena y a la vez salva las vidas humanas.
                        Minutos, Horas, Días, Semanas, Meses y Años...
  El tiempo ha pasado de una forma extraña, como siempre. Ya han pasado dos años; hoy es mi último día de escuela, después de dos meses entraré a la Universidad (Tranquilos, no estudiaré nada relacionado con las matemáticas). He aprendido grandes lecciones en este lugar, aprendí a leer, a escribir, la historia del país, sobre la somotostatina y a sumar; pero lo más importante es que aprendí a madurar. Mi vida ha sido buena, puedo decir que bastante buena; después del episodio que tuve con el profesor crecí mucho. En unas horas abandonaré este recinto, tengo nervios y ansias por mi vida nueva; estudiaré ciencias política y luego actuación.
 Creo que deben tener varias dudas, deben preguntarse que sucedió con Ignacio, Maximiliano y Mi Querido Profesor. Bueno empezaremos con Ignacio, aunque mucho de su vida actual no se, porque no hablamos hace años. Lo perdí para siempre, pero creo que las cosas siempre suceden por algo; solo espero que él sea muy feliz y encuentre a una chica que lo ame como se merece. Se que será un gran abogado y que tendrá una linda familia; y ¿Quién sabe? Tal vez algún día me lo vuelva a encontrar y le cuente que es parte importante de este libro, que probablemente nadie leerá. Creo que quieren saber más sobre Alejandro, mi profesor; bueno él sigue enseñando en este establecimiento, suele saludarme, pero creo que ya no lo hará más, no creo que lo vuelva a ver después de salir de estas paredes...
  Me despedirán con un diploma de honor, mejor voy a recibirlo pronto.
-Felicidades, serás una gran mujer.
-Gracias, profesor Alejandro.
-Espero que seas muy feliz.
-Espero que usted también lo sea. Cuide mucho a su hija y recuerde nuestra promesa.
  Eso fue lo último que le dije, después de que me dió un abrazo; algo me dijo que él jamás olvidaría su promesa, eso me tranquilizó y me alegró. Bajé del escenario y abracé a algunas compañeras, que probablemente no vería en un largo período de tiempo. Debíamos cruzar las puertas a la realidad, donde me estaba esperando mi novio.
-¿Nos vamos?
-Claro, amor.
-Los pasajes ya están listos, nos despediremos de tu familia y luego nos iremos de aquí.
-XD Extrañaré a mi país.
-Lo se, pero te traeré siempre, para que no extrañes tanto tu tierra. Allá seremos muy felices; serás una gran actriz y política, te lo prometo.
  XD Deben estar muy colgados, pensando: "¿Quién es este aparecido?"; tranquilos, ustedes ya lo conocen, mi novio es el único chico al que he amado de verdad, Maximiliano. Hemos sido muy felices desde que volvimos; ahora iremos a vivir juntos a su país natal, él allá tiene una enorme casa donde estaremos muy felices amandonos.
  Como ya les dije, mi vida ha sido muy buena, he aprendido muchas cosas y no me ha faltado cariño; ahora voy a perseguir mis sueños y seré muy feliz con mi novio. Bueno ya casi le pongo fin a todo esto, pero antes hay dos cosas con las que quiero terminar este relato, para dejarles una lección (XD Creo que tengo vocación de profesora, al igual que Alejandro); bueno lo que les quería decir, que me lo dijo un hombre que me enseñó muchas cosas, es que Jamás se Rindan y Luchen por hacer sus Sueños Realidad, sin importar su condición social. Y lo otro, que es solo un consejo que ustedes pueden tomar o dejar, es que Jamás se Enamoren de su Profesor; te pueden enseñar mucho, excepto a amar...

 


Tags: Romance, Profesor

Publicado por MericientaSaez @ 15:11
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios